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domingo, 24 de abril de 2016

LUZ DIVINA, LUZ DE VELA

Dice una frase coloquial que "el mundo avanza que es una barbaridad", dando a entender que en la actual sociedad de la ciencia y tecnología (por no decir en la mentalidad de la sociedad actual), todos los cambios parecen pocos y quedan obsoletos con enorme rapidez como si toda novedad fuese buena frente a ciertas costumbres o elementos del pasado. 

Viene a ser esta introducción perfecta para abordar un tema interesante como es el uso de las velas en las Cofradías, en la Semana Santa, pero que, por desgracia, dejan de tener su presencia necesaria, simbólica y tradicional, frente al uso inapropiado de las bombillas y su luz artificial. 

Es cierto que la luz artificial es más versátil por cuanto da más matices (formas, colores, variaciones de intensidad, etc) y no mancha. 

¡Pero qué equivocados están quienes se agarran a estas ideas peregrinas cuando estamos hablando como cofrades y en el mundo cofrade!

Debe quedar claro que la luz natural que proporciona una vela es lo propio para nosotros pues este tipo de luz y elemento tienen gran simbolismo litúrgico. 

Podríamos decir que no usar velas naturales es como estar frente a una banda de música en la que los músicos no tocasen los instrumentos.

Retomando los dichos populares, "el mundo está gobernado por signos y símbolos, más que por palabras y leyes", pero diría más: el mundo, por otro lado, está hecho de costumbres. Y más aún, en el mundo de la religión, en nuestro ser y sentirnos cofrades, cristianos y católicos, la luz tiene una significación especial y hablo de la luz de las velas.

De la luz ya se habla en el Génesis, donde se indica que lo primero que Dios creó fue la luz y ésta era buena.

San Juan, en su Evangelio vuelve a hablarnos de la luz y la asocia con Dios, con Jesús:

"La Palabra era la Luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1,9)

"Yo soy la Luz del mundo: el que me siga no caminará en la oscuridad, 
sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12)

Asociar la luz con la presencia divina es capital en nuestra simbología cristiana por cuanto la luz representa la Luz de Cristo. Es más, desde los primeros tiempos de la cristiandad, la luz de las velas se ha usado en los altares y en las procesiones y han acompañado el rezo de nuestras oraciones pues con esa luz se elevan nuestras súplicas al Cielo.

La luz, símbolo de vida, de amor, de camino, de verdad, se opone a la oscuridad, a la muerte, al pecado, a la duda. Seguir a la llama del Amor es el sino del cristiano. Pero hay otra consideración y es que llevar en la mano una lámpara o una vela encendida es un signo de este convencimiento de Fe y de compromiso para un cristiano, para un católico, puesto que como bautizados, que hemos sido "iluminados", debemos transmitir esa luz y calor a los demás tal y como leemos en Evangelio de San Mateo:

"Vosotros sois la luz del mundo... brille así vuestra luz delante de los hombres" (Mt. 05/14-16)

Si en la gran noche Pascual Cristo es el gran cirio encendido, los creyentes, somos pequeñas velas encendidas que con el paso de los años van apagándose lentamente.

Hechas estas consideraciones hay que indicar claramente que la Iglesia Católica ha puesto siempre el empeño en el uso de las velas naturales, más en concreto de cera de abeja por otorgar a este producto (la cera de abeja) un simbolismo de virginidad, tal y como dice la Congregación Vaticana de Ritos desde 1904:

que el Cirio Pascual y las dos velas destinadas a la celebración de las misas debían de ser siempre “In Maxima Parte” de cera de abejas, ya que esta tiene un simbolismo religioso de virginidad y pureza de naturaleza.

Además, la Enciclopedia Católica habla del uso de velas de cera porque  

“La cera tipifica de manera sumamente apropiada la carne de Nuestro Señor, nacido de una Madre Virgen. De aquí se originó el concepto de que la mecha significa el alma de Jesucristo y la llama la Divinidad, que absorbe y domina a ambas".
Y además, las velas de cera de abeja tienen la ventaja (para conocimiento de los cofrades) de que su llama arde con llama blanca y sin dejar residuos, por lo que no perjudica ni a las pinturas ni a las vestiduras ni a otros ornamentos, siendo muy fácil su limpieza al ser un producto totalmente natural.

...Y sin embargo, la gente sólo mira por el progreso y vemos, por desgracia, muchas Hermandades y Cofradías que usan (por su menor precio) faroles, candelabros e imitación de velas o cirios de luz artificial, de bombillas (que afean horrorosamente la estética de las imágenes procesionales y los cortejos que las acompañan) y/o de parafina o grasa (productos que sí manchan). Pero ya se sabe que hay mucho desconocimiento respecto al simbolismo, no sólo de la liturgia católica, sino de la tradición, simbolismo y estética en el ámbito cofrade y de la Semana Santa en particular. Por esto, ojalá se aprenda de errores y se reconduzcan las cosas por el camino que corresponde y veamos más el uso de las velas de cera natural en nuestra Semana Santa.