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miércoles, 6 de julio de 2016

ESPECTACULAR: EL CRUCIFICADO MÁS REAL DEL MUNDO (REPORTAJE FOTOGRÁFICO)

El Cristo de la Hermandad Universitaria de Córdoba, obra del escultor imaginero, Juan Manuel Miñarro López, sin duda alguna, es una verdadera obra de arte y de devoción, siendo, además, el único Cristo Sindónico del mundo.

El apelativo "sindónico" se refiere a ser el único Crucificado que refleja, fiel y desgarradoramente, los martirios físicos que Jesucristo padeció durante su Pasión y hasta su Muerte, todas y cada una de las heridas, traumatismos y laceraciones que le provocaron sus verdugos.

Sin duda, encontrar y ver la Imagen de Jesucristo, clavado en la cruz con un realismo tan fiel resulta doloroso por no decir "horrible", más aún cuando desde hace siglos las representaciones escultóricas y pictóricas que tenemos de Jesús clavado en la Cruz, son las de un hombre muerto en la misma pero sin evidencias estridentes de sufrimiento corporal. Es decir, lo que estamos habituados a contemplar es el cuerpo del Hijo de Dios, triunfante sobre la Cruz, pues los artistas han preferido dar más importancia al lenguaje simbólico teológico de victoria sobre la muerte, antes que dar relevancia al detalle del sufrimiento. Sin embargo, en España, el catedrático de Arte y reconocido imaginero sevillano, Juan Manuel Miñarro, se atrevió hace unos años a inmortalizar el cuerpo de Cristo clavado en la cruz reflejando fielmente no sólo su anatomía sino todo el tormento padecido en su cuerpo por brutal que parezca.

Miñarro, plasmó, con sus manos y el empleo de la gubia, todos los conocimientos y datos que estudiosos y científicos del CES (Centro Español de Sindología) y él mismo (también miembro del CES), han atesorado tras exhaustivos trabajos multidisciplinares sobre la Sábana Santa de Turín y el Santo Sudario de Oviedo, elementos arqueológicos y reliquias para la Iglesia Católica, imprescindibles, que han evidenciado tras exámenes arqueológicos y forenses (químicos y anatomopatológicos, entre otros) multitud de detalles reveladores sobre el cuerpo de aquel hombre muerto en la Cruz, previamente flagelado de modo horrendo, y amortajado tras su muerte, que todos los creyentes sabemos que fue Jesucristo. 

Sobrecoge esta Imagen del Señor, ya muerto y crucificado. Ahí, impávido, con su gesto de dolor silenciado por la muerte física. Sobrecoge e invita al recogimiento y a la oración, tanto en su pequeña capilla de la Iglesia del Juramento de San Rafael (Córdoba -Hermandad Universitaria-) como cuando procesiona en Semana Santa, en silencio, por las calles de la antigua capital califal.

El cuerpo de este Cristo Crucificado refleja con todo detalle cada una de las heridas sufridas (y presentes en la Sábana Santa). Así vemos:

- Regueros de sangre que brotan de la cabeza y caen por la frente, rostro y nuca.



- Contusiones e hinchazones en la frente y gran contusión en el pómulo derecho que le deforma la cara.


- Una herida en la mejilla izquierda.


- Una herida en la nariz y el cartílago roto, bien por un golpe o por una caída camino del Gólgota (esta hipótesis es más que segura porque en la punta de la nariz se encontró, en la Sábana Santa, restos de tierra cuya composición química era similar a la de la tierra que hay en Jerusalén. Además esta tierra está presente también en las rodillas y pies).


- Sangre que brota de la nariz y sangre con saliva que sale del lado derecho de la boca, así como mentón (barbilla) hinchado.


- El Cristo lleva su casquete de espino que le cubre toda la cabeza y nuca, no la corona que estamos habituados a ver y que sólo le rodea la cabeza. Y dicha corona le causó hasta 60 heridas en el cráneo.


- Tiene el cuerpo, por delante y por detrás, casi 120 marcas de flagelación,  que abarcan casi el 50% de la superficie total, provocadas con "flagrum taxillatum", y provocadas por dos personas (dos vergudos), a izquierda y derecha. 









El "flagrum taxillatum" era un artilugio de castigo formado por cintas de cuero (taxilos), al final de las cuales se ponían unas bolas metálicas. Las correas de cuero cortaban la piel y las bolas que tenían pinchos, golpeaban fuertemente causando hematomas y arrancando trozos de piel.

Corona de espinas y la flagelación curiosamente no se contemplaban por el Derecho Romano (que los romanos seguían a rajatabla) y menos aún en los casos de muerte por crucifixión. El único caso que hay documentado es el de Jesucristo.

- El Crucificado tiene, además, marcas de heridas en los hombros y nuca de haber transportado el travesaño de la cruz a cuestas (el palo vertical o "stipes", no se llevaba).


- Los brazos están clavados en la cruz, con clavos a la altura del pulso (espacio de Destot), no en las palmas de las manos, lo que provoca que se dañe el nervio que llega al pulgar, con lo cual, ambos pulgares están cerrados hacia el interior de las palmas. 





- Los dos pies, el izquierdo sobre el derecho, clavados por un sólo clavo (y sin "sedile" o madero para apoyarse, que es un elemento inventado por el Imperio romano de Bizancio posteriormente) como demuestra la Sábana Santa, con varios detalles: el pie derecho con tierra de Jerusalén (como en la nariz y rodillas) y quemaduras en la pierna izquierda, más arriba del tobillo, provocadas por cuerdas pues cuando los reos iban hasta su lugar de ejecución, llevaban no sólo atadas las manos al palo horizontal que cargaban sobre los hombros, sino también la mano derecha atada al pie izquierdo del anterior reo y así sucesivamente.






- La herida del costado derecho (como dice San Juan en el Evangelio) está provocada después de la muerte para asegurarse de la defunción del reo, por lo que no expulsa muchísima sangre como ocurriría si el corazón funcionase estando vivo y está cerrada (mantiene la forma del filo de la lanza) y no más abierta como ocurriría si hubiese sido una herida provocada en vida.







- Las piernas no están partidas como hacían los romanos (otra coincidencia con los Evangelios)



- El vientre hinchado como evidencia de asfixia.





¡El Cordero sacrificado por Amor a los hombres!